Programas Educativos
La humanidad ha consumido cerveza, en distintas formas, desde hace unos 6.000 años. Es posible que su producción se haya iniciado en forma accidental, cuando alguien dejó fermentar algunos granos de cereal en agua. Todavía hoy en ciertos lugares se fabrica cerveza casera en forma similar. Pero, naturalmente, el resultado de esos procesos es muy distinto de la cerveza transparente, dorada, pura y espumante que todos conocemos.
La composición de la cerveza ha sido prácticamente la misma durante los últimos 400 años. Comprende agua pura, un cereal básico – generalmente cebada – y a veces algún otro cereal adjunto. Además, una hierba llamada lúpulo que aporta estabilidad biológica, aroma y un sabor ligeramente amargo.
Durante la fermentación de la cerveza se genera una pequeña cantidad de alcohol. El contenido de alcohol de las cervezas costarricenses es bajo: menos del 4% por masa, en promedio. Para comparar, el vino tiene entre 11 y 15% de alcohol, y los licores en general más del 35%. Otra diferencia entre la cerveza y esas otras bebidas es que, al estar el alcohol de la cerveza altamente diluido en agua y otros elementos, se consume y se absorbe más despacio que el del vino o los licores.
Esto último es importante. A muchos adultos les gusta acompañar los alimentos con una bebida mientras departen con amigos o familiares. Pero pocos desean sentir los desagradables efectos del abuso o la embriaguez. Una manera de evitar que ello ocurra es darle oportunidad al organismo de eliminar el alcohol que se ha ingerido.
Una cerveza, una copa de vino o una onza de licor es lo que normalmente puede eliminar el organismo en una hora* sin acumular alcohol en la sangre, que es lo que produce la embriaguez. Por eso es recomendable, si se va a tomar alguna bebida con alcohol, hacerlo despacio, y preferiblemente en compañía de alimentos. En esto, como en tantas cosas de la vida, la moderación es la clave.
El exceso en el consumo de cualquier producto tiene efectos indeseables. El abuso de las bebidas alcohólicas, en particular, afecta el juicio y la capacidad de coordinación, altera las percepciones y reduce la capacidad de atención, todo lo cual puede conducir a accidentes y otras situaciones peligrosas o desagradables. Además, el abuso perjudica la imagen social de la persona, y si el exceso se repite por mucho tiempo puede provocar enfermedades diversas, incluido el alcoholismo.
Algunas personas no deben ingerir alcohol en ninguna circunstancia: los menores de edad, las mujeres embarazadas y quienes padecen la enfermedad del alcoholismo. El resto de los adultos, si deciden consumir bebidas alcohólicas, deben hacerlo con responsabilidad, respetando sus límites de tolerancia, y no deben manejar vehículos o maquinaria bajo sus efectos. Recuerde que, si usted es un adulto, tiene que velar por su salud, su buen juicio y su imagen, y además debe dar un buen ejemplo.
* La capacidad de eliminar alcohol varía según el peso y el género de la persona, entre otros factores. El promedio de una unidad de consumo por hora es aceptado internacionalmente como referencia.



